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327. Mentir o no mentir

  Hay un arte que sánchez domina como nadie (Ábalos es un buen imitador), el del énfasis. Lo vengo diciendo desde hace mucho, debería escribir una tesis sobre ello. Y le funciona. Por qué, porque cada vez tenemos menos memoria y por tanto estamos preparados para creer lo que se nos dice como nuevo si se le pone la convicción suficiente, pero sobre todo porque hemos sustituido el razonamiento (que exige una trabazón de argumentos sustentados en la coherencia; una habilidad que debería aprenderse en la escuela) por la emoción en bruto que se adhiere a una causa que creemos noble y justa Cómo contraste de lo mal que lo pasan quienes no lo dominan (es decir, quienes sufren mintiendo porque no son narcisistas): Giuliani el otro día , cuando se le corría el tinte de su escaso pelo, y Escrivá en Las Palmas, el viernes , diciendo lo contrario de lo que sabía que debía decir. H ombres para quienes la mentira es un traje al que se adaptan sin problema y otros que saben distinguir y...

128. Disimular la muerte

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Desde que cobré conciencia, supe que este país no era el mío. El DNI te lo da la naturaleza ciega, el hombre libre elige sus afinidades. Así que no voy a olvidar fácilmente esta clasificación. No puedo sentirme compatriota de quien no sólo escoge a un gobierno de incompetentes y sectarios una y otra vez, sino que acto seguido acepta mansamente los collares que le impone. 1. La mortalidad per cápita más alta 2. El confinamiento más estricto 3. La ruina más honda 4. La mayor tasa de contagio de los trabajadores sanitarios Y entre los peores males, avergonzarse de los muertos.

53. Humillación

Vemos a un amigo sumido en el error, o eso creemos, que está profundamente equivocado en algo que consideramos decisivo. Hemos discutido con él con poco éxito. Entonces, un día encontramos un símil, un contraejemplo, un argumento que destruye ese error con evidencia palmaria o aún peor, en el calor de la discusión, nos burlamos, por simple o ridícula, de la idea que defiende. Obtenemos una gratificación racional con ese hallazgo o demostración. Lo que no sabemos es que el amigo lo ve como una humillación, que la forma en que lo hemos presentado le hiere en lo más íntimo . No nos lo dice pero acabamos sintiéndolo. Es difícil reparar la ofensa , no podemos decirle que lo sentimos, que queremos reparar el daño que le hemos ocasionado sin herirle de nuevo, sin que le hagamos sentir una especie de inferioridad, tanto si acepta que estaba en el error como si considera que despreciamos su posición. El sentimiento de humillación perdura, afecta a la autoestima y deteriora, a veces de modo...