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Mostrando las entradas etiquetadas como Madre

Difuntos

  Me daba vueltas el mundo en mi cabeza, el cielo cubierto, chispeaba. Por encima de las cruces blancas de la familia, donde estas desde más de un año, el otoño vestía los campos, Solarana, Nebreda, tan cerca, tan lejos como me parecía cuando era pequeño. Estaba conmigo MP hasta que se ha ido al coche, tenía ganas de quedarme solo y componer una imagen de cuando aún vivías. No lo he conseguido, o solo a medias. La tarde era propicia, el silencio, la atmósfera húmeda, la soledad. ¿Hay valor más preciado que hacer silencio dentro de uno?

166. Hace un año

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  Hace un año, por estas. Un soplo, no te has perdido gran cosa. Este ha sido un año perdido para casi todo el mundo, aunque es seguro que unos pocos, en la soledad de un estudio, o vete a saber dónde, lo habrán ganado, para sí y para los demás, pues es raro que descubrir algo para sí no tenga beneficios para todos. Cuesta comprender que cuando la última luz se apaga, se apaga para ti pero el mundo sigue. Dentro de un siglo o siglo y medio nadie de los que ahora vive seguirá con vida, pero el mundo seguirá con otros, todos nuevos. Parece increíble, desasosegante, si no naciera nadie más, la humanidad se habría acabado. Habría otros seres vivos, como los hubo antes de nosotros, millones de años, cuando los dinosaurios señoreaban la tierra, sin humanos sobre la tierra. Nos cuesta comprender, pero somos unos recién llegados. Tú ya no eres, tu conciencia se ha apagado, el mundo sigue.

88. Tristeza

  Me oprime profunda tristeza la tarde la música el paisaje adolescentes aves primeras grupos alborotados en el cerro Vivaldi y Haendel voces femeninas en los altos miradores de San Miguel te empujaba y subías hace bien poco no hace un año quizá un poco más los dedos hacia la nieve de la Demanda recordabas ponía yo nombres en tu boca termina marzo hace calor de nubes nunca nunca más serás corpórea ni serás peso en mis brazos miraré por ti sin tus ojos no quiero morir que una pizca de ti siga viviendo

32. Familia

  Familia. ¿Cuándo podemos independizarnos de nuestros hijos? Pasamos muchos años pendientes de ellos cuando son niños o jóvenes, con algunos momentos duros. No todas las familias son iguales, Yo me independicé pronto y aunque en algún momento les pedí ayuda he procurado mantenerles al margen de mis necesidades. Al contrario, en los últimos años, he estado pendiente de mi madre. Pero de mis hijos, de mi hijo, no puedo decir que me haya independizado del todo. Necesita ayuda que yo no le puedo proporcionar, entre otras cosas porque no se deja. Me llama P. En el día del cumple de MP. Quiere saber cómo evolucionó el cáncer de estómago de mi madre. La verdad, le digo, es que fue algo extraño. Una cosa puntual que, por dos veces, en un margen amplio de años, se resolvió con cirugía. Vivió más de 20 años como si tal cosa después de la segunda operación. P. está pasando por uno de pecho y los médicos quieren saber el historial familiar. El cáncer de estómago ha sido algo común en la f...

20. Odisea

  Cuando iniciamos un viaje, tenemos presente la vuelta, sabemos que vamos a volver. La Odisea es el ejemplo de todos los viajes. La propia vida lo es, un comienzo qué acabará en el mismo punto donde comenzó, aunque el viaje se acabe lejos de la patria el recuerdo volverá a ese lugar. Todo viaje es circular. Cambiamos de ciudad, nos mudamos de casa, iniciamos una familia pero siempre tenemos presente donde hemos de volver. Mientras vivieron mis padres siempre tenía presente que donde ellos estuvieran estaba el punto donde yo debía volver. Incluso ahora que ya no están, los dos yacen en el mismo sitio, donde nacieron, a menudo pienso que ese es el punto donde he de volver. La vida es un círculo.

11. Herencia

  En algún momento toca repartir la herencia. Otra herida más. ¿Para qué mi madre ahorró lo que ahorró? Aunque tampoco sabía en qué gastarlo. Mientras pudo se entregó a un trabajo que le ocupaba todas las horas del día, salvo las que tenía que dedicar a lo doméstico. Después se ocupó de su hija, atada a ella. No lo vivió como tal. No creo que fuera infeliz, aunque cómo saber lo que ocurre en la mente de otra persona, aunque sea tu madre, sobre todo porque es tu madre. Pocas veces me visitó en Barcelona, en parte porque mi hermana no quería. Alguna vez les propuse hacer un viaje al extranjero, no se concretó. Sí que hice algunos más cercanos. Le gustaba estar con amigas. Cafeterías, cartas, bailes, hasta que lo fue dejando, en parte por su hija. Y ahora llega la herencia, los lujos que no se permitió.

358. Navidad

  Cómo podría llegar esta fecha y no acordarme de ti. Llevo días haciéndolo, hoy es el día más triste. Creo que nunca falté en navidad, quizá hubo alguno que cambié la navidad por año nuevo, cada año volvía a casa. Y siempre por tu cumple, que coincidía con estas fechas. Durante muchos años con mis hijos, luego solo para hacerte compañía. Este será el primero, pero no soy yo quien falta. El año pasado todavía estuvimos los tres juntos y el año anterior con Blanca y los niños.

347. Dónde poner las comas

  Atesoro los recuerdos de cuando mi madre estaba viva, en plenitud, cuando la vida le pertenecía, era suya. Cantaba y bailaba en ella. Una carta a los reyes magos, yo a la mesa, junto a la cocina económica de la planta baja, en el pueblo, sobre la gloria. Qué pocos recuerdos de cuando yo era niño, pero ese lo tengo. Me decía que podía pedir lo que quisiese, aunque luego me corregía si lo que yo pedía estaba fuera de su alcance. Me daba una explicación convincente de por qué eso no. Yo escribía y ella me decía dónde tenía que poner las comas. Recuerdo con precisión ese detalle, dónde poner las comas.

344. La cuesta del Crucero

Cuando era pequeño y en tiempo de vacaciones volvía a casa, enfilando a pie la cuesta del Crucero , pensaba si padre y madre estarían bien, si no les habría ocurrido algo irreparable. No había móviles entonces y las llamadas por teléfono escaseaban o se hacían muy raramente. Ellos me esperaban, advertidos por carta, de que yo llegaba. Subía la cuesta angustiado hasta que alguien, seguramente madre porque padre estaba haciendo cosas, siempre atareado, limpiando jaulas, dando de comer a los animales o preparando cosas en el almacén para acarrearlas a la tienda, me abría tras tocar el timbre de la calle Duero n.º 2. No éramos muy efusivos, pero el contento se veía en los ojos y en los gestos . El pálpito de angustia estaba en mi pecho, el miedo a quedarme solo, aunque fui yo quien había decidido marcharme. Muchas veces decidí marcharme pero nunca rompí el cordón umbilical. Aranda, Salamanca, Lyon, Barcelona. Ahora ha latido dentro de mí la angustia otra vez, la ha estimulado la lectura d...

319. Felipe

  Hoy hace exactamente 38 años que murió mi padre, Felipe. Qué lejos en el tiempo me parece y qué descarnado el sentimiento hacia él. No he sabido saldar la deuda que siempre he sentido. Es verdad que mi madre ha vivido más años y la he atendido mejor, pero cuando pienso en mi padre aparece un vacío, lo que pudo haber sido, lo que no le devolví.

245. Abuelos

  Ya no recordaba lo duro que es criar niños. La naturaleza te prepara para tenerlos cuando estás fuerte y puedes sobrellevar trabajo y crianza. Los abuelos solo estamos para pequeñas ayudas, no para estar todo el día con los niños pequeños, aunque cada niño es un mundo, como lo es cada abuelo.

244. Nietos

  Nunca pensé que podría ser tan agotador cuidar nietos. Son otro mundo, difícil de manejar. Nada más alejado de mi ocupación habitual con los productos de la mente. Pura actividad sin objeto. No sé si todos los niños son iguales. No, claro, Lucía es un torbellino que no cesa.

221. Relevo

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  Camino cerca de casa por los mismos lugares por donde paseabas, por donde te llevé la última vez, hasta el mirador. Era el 5 de enero, el último que viniste a casa, a tu casa, la casa que compraste y arreglastes a tu gusto, con tu trabajo y esfuerzo. Ya no pudiste volver, te quedastes en Celada y poco después te enviaron al Hospital y más tarde a San Juan de Dios (4 de marzo), un mes entero. Y después a San Mamés, hasta el 15 de junio, cuando te llevamos a Castrillo donde reposas para siempre. Camino con Julen y Lucía, algo más rápido que cuando ese día de enero paseé una última vez contigo. Miro a Lucía y te veo a ti, como si se hubiese producido el relevo. Lucía no se deja coger la mano, va sola, midiendo el terreno, haciéndolo suyo. La cojo en brazos un momento y le enseño desde el mirador la catedral.

178. Hueco

No se va el hueco, no desaparece. Siempre habrá cosas que hagamos, que repitamos, que son reflejo de lo que hace un año, de lo que hace unos meses hacíamos contigo. Cuántas veces hemos ido a Fuentes Blancas o a la campa detrás del Monasterio de San Pedro de Cardeña, quizá el lugar que más te gustaba, salvo tu propia casa. Hace un año por ahora, íbamos los fines de semana cuando te traía a casa. Y hace un par o tres de años todos los días buenos, todo el verano. Una costumbre que adquirimos en las convalecencias de tus operaciones. Cómo lo agradecías. Percibo tu rastro en las sillas plegables, en los caminos por entre los trigos que verdeaban en mayo y amarilleaban a finales de junio, como ahora, tu mirada hacia las encinas y el bosque. Tanto como te gustaba caminar, la alegría del horizonte abierto, caldeado, lleno de pájaros.

170

Pasan las horas, los días, y uno se acostumbra. Puedes vivir sin las personas que has querido o que quieres, puedes dejar de pensar en quien pensabas que la vida te unía con un irrompible lazo, que no eras o eres nadie sin ellas, que una trabazón teje el mismo tejido material. Pero no. El tiempo nos da un plazo, nos abisma y nos deshace. Somos criaturas temporales.

169. Palabras de más

El cura, campechano y palabrista, me recibió a la puerta del atrio. Pregunt ó si alguien quería decir unas palabras de agradecimiento. Yo me quedé indeciso, si decir algo o no decirlo. Dudaba, sabía las palabras que tenía que decir, estuve dándole vueltas. Al final de la ceremonia, antes de que el propio oficiante diese las gracias a los asistentes por acompañar a los deudos, aún dud é sobre subir o no subir al micrófono. Pero qué hubiese añadido decir algo sobre ti. Nada añadiría a lo que has sido, tampoco sabrías ya lo que de ti puedo decir en público. Lo que has sido ya está hecho y borrado y olvidado y recordado en breves fragmentos de la memoria. Sí algo hubiese dicho poniendo énfasis en alguna de tus virtudes el público se hubiese quedado con él énfasis, y como suele suceder la retórica ensucia la verdad de la experiencia. Qué podría haber dicho que te sirviese si ya tod o ha acabado. Qué ridícula la idea de poner un broche a una vida. Tan ridícula como acariciar los oído...

168. Prendas

Lo que más me podría hacer recordar tus días de Celada, dos años en los que paseábamos por los caminos, junto al prado al que daba cuerpo el gran sauce, al lado del arroyo, o un poco más lejos, hasta el Arlanzón, e s la ropa que te ponía, el abrigo azul drapeado, los pañuelos, el bastón en el que te has apoyado durante años, en el bastón y en mi brazo, esas prendas que eran tu segunda piel, que te identificaban cuando saludábamos a la gente del pueblo, para quienes eras una habitual, a pesar de no haber nacido allí, esos paseos en los que intentaba reconstruir tu memoria, como no me voy a acordar , decías, cuando hacíamos listas de tu familia, de las cosas que hacías en casa y en el campo, de las labores estacionales o de la gente que conocías aquí, en la ciudad, si ahora las recogiese de donde se han quedado, perdida ya la vida que les dabas, la capucha que te protegía los días de viento, los pantalones caqui que ya se te caían, quizá no podría contener las lágrimas que estos días ...

166. La torre

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Amarillean los campos en la tarde benigna pas ada Revilla unas curvas después tras un ribazo la torre enorme esbelta y pesada siempre ahí testigo indiferente de los que van cayendo ya soy huérfano como todos lo somos la edad sea la que sea yo mismo lo seré causa de orfandad aunque para mis hijos la torre no sea más frágil permanencia que vieja piedra que también ha de caer

165. Madre

              I Este vacío Ni pequeño ni grande Este misterio de la vida Ahora respiras ya no Eres la madera que te contiene El cristal que te refleja La tela del vestido Que se desmenuzará contigo Inmóvil pétrea Cera tu rostro La barbilla y las orejas La nariz afilada Los párpados la frente Hace unas horas latías Bajo mis manos ya no           II Este mirar se acaba Te veo como nunca te había visto Veo la que fuiste por última vez Desaparecerás bajo la tierra Nunca te tendré delante como ahora Tu camino y el mío se separan Nunca más el calor de tus mejillas En el dorso de mi mano Ya no mis labios en tu frente Sé que la que ahora veo La que aparece en las fotografías La que en mi mente trabaja el recuerdo No es la que reía con los nietos Como tampoco la campesina que fuiste La que reía a s us clientas En el supermercado La que cuidaba de su hija Fuiste tantas mujeres distintas Que a quién puedo echar d...

164. “Cada uno quiere la soledad de su ser”

                                                                                        I Todavía no, todavía un día más o unas horas más, aunque este día grisáceo ya no es tuyo, el aire no refrescará tu piel ni limpiará tus pulmones, tus ojos no se abrirán al manto de nubes rotas que marchan parsimoniosa s hacia el este esperando adensarse y romper. No verás, no has visto a los hombres tapados , este mun d o embozado ya no es el tuyo como no lo fue el de 1919. Tu vida ha discurrido entre dos pandemias, ninguna te ha tocado, pero has vivido cosas peores. L a guerra civil, la dictadura, que tampoco te tocaron, fueron hechos menores frente a la pérdida de tus hijos, el mayor, dos gemelos, de tu marido, de las enfermedades grav...