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31. No mires hacia afuera

                                                                                                      A Fanny Una delgada corona rodea la ciudad La última mata de pelo de un calvo Plana junto al cuello encrespada en la coronilla como corresponde Algodonosas blancas hacia el este Fragmentadas rotas al noroeste Salvo donde el sol asoma su ojo rojo  y crepuscular He esperado a que la estreñida gama de butanos se diluya para ver en la calva los chichones estrellados Pero no había más que ramas de acacias erizadas Como en una guardería de niños desnudos Su desolada fragilidad apuntando a l cielo Te imaginas un día zas ya no hay estrellas Me he asustado he v...

30. Avizorando

  En un lejano viaje, una tarde de un lunes de septiembre del 2008, de vuelta a casa por la autovía de Segovia , Nines y yo presentíamos, con un rictus de orgullo, lo que habría de suceder y sucedió en 2012. Hoy, justo un instante antes de salir de casa, ha salido un sol esplendoroso, triunfante, pero no ha durado más de un minuto. Ya en la calle, no comprendo por qué rendija se ha colado porque el cielo es un caparazón de acero gris inexpugnable. Puede no afectarme, puedo salir airoso, durante los meses pasados lo creí, ya no.

29. Huye

  No se sabe de nadie que en diez meses haya sido bañado por el sol No escribas en plural me dijo ni una sola palabra Miré al serpenteante y animoso río y pregunté sobre actualidad Huye de su imperio sálvate me dijo ¿Ves el puente? crúzalo ¿Donde las palomas donde los patos? Los árboles salvo los pinos están desnudos en el patio de la escuela Las vallas exteriores llenas de golondrinas blancas de papiroflexia Un ritual infantil que espante la niebla Mi hijo ha estado a punto de pasar la noche en el calabozo Mientras diligentes jardineros desmochaban los plátanos de los paseos Vuelvo al bosque húmedo y cetrino a empapar los zapatos de barro Donde ni siquiera los pájaros me consuelen

28. Niebla húmeda

  La niebla deposita una patina húmeda Q ue se desliza por el suelo El sol huidizo está ahí unos metros más arriba No solo a mí merecidamente castiga Sé que por desgracia he fallado a muchos Y que a su debido tiempo no me lo perdonaré El río que ahora baja vigoroso A pocos metros afluirá sobre otro más poderoso Hijo de este invierno de nieves hielo lluvia Y niebla s in un leve claro en la tristeza Pero no en el río sino en mis secos ojos Querría que la agua se aliviase Pero soy lo que soy y ni dolorido S abiéndolo le pongo remedio

27. Vergüenza

  ¿No es un don oír el gorjeo entre los árboles A unque de vez en cuando se cruce el graznido D e la urraca e l aire húmedo barriendo tus mejillas La luz gris del día retenida en tus párpados Si crees como yo que es un don P or qué no vas a la pineda detrás de casa O al robledal algo más lejano Y miras arriba hacia las criaturas del aire A los vencejos que tan poco necesitan P or qué no vas al bosque y das las gracias? Toda esta poesía de mierda se me viene abajo cuando cruzo la esquina y un hombre detenido en la acera me dice disculpa ¿tienes 20 céntimos para comer? Me ha jodido el día y escribirlo me llena de vergüenza

26. Chispea

  Chispea Las filas de las cajas son inusitadamente largas Nos esquivamos haciendo contorsiones Apestados de una enfermedad infecciosa No hace frío La gente se cubre la cabeza Se tapa la boca con dos y tres capas Me cruzo con la mujer de un solo ojo No hay cuerpo bajo sus múltiples envoltorios Cómo saber lo que siempre he espiado Para que el mundo alcance sentido Que la mujer es alegre y hermosa

25. Casas molineras

  A un lado el monte del castillo y al otro cuando atravieso la avenida la antigua urbanización franquista con nombre de militar. En medio habito, en este lugar que no hago mío, pero en el que me veo obligado. Paseo mi soledad por ese barrio que casi no conozco, por entre casas molineras, algunas tal cual las construyeron y otras modernizadas sin llegar a ser vanguardistas por los nietos de quienes primero las habitaron, una iglesia de ladrillo, plazas pequeñas, canchas de fútbol y de basket, algunos coches, pero no demasiado ruido. Endulzo mi tristeza con algo de alegría, la música de Marin Marais y Sieur de Sainte Colombe.  Solo hay gente cuando el viejo barrio acaba y empieza uno muy nuevo pero ya descascarillado, con anchas calles y un súper atestado en el que entro y compro cosas que no necesito pero que tengo que dejar en la cinta de la caja cuando me doy cuenta de que no llevo dinero . Vuelvo al barrio que ya no es franquista, camino sin prisa, dejándome llevar por l...