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31. Khorog

Hoy he visto en la tele la singular iglesia granítica de planta oval, o, quizá, en forma de vieira, en medio de la plaza, recordaba hab er la visto hacía unos meses, ¿Extremadura, Andalucía?, h abía l legado en bici, eso es seguro, es más, había dormido en ella, incluso recordaba el bombón de chocolate que me había comido en e sa plaza , pero no había manera de dar con el nombre , ¿pueblo, ciudad?, h asta que l o he visto escrito , Pontevedra, en letras de granito, no he podido identificarla, l o mismo me ha ocurrido con el nombre de una chica con la que salí unas semanas hace un año, antes de dar con la bici en esa plaza, no recuerdo e l nombre, t endré que mirar en la lista de WhatsApp para ver su nombre y, acaso, reconstruirla como personaje, también recuerdo, ahora que soy consciente de los agujeros de la memoria, el país, la ciudad, el hotel, la hora del atardecer, el parque de estirados a bedules a cuya puerta una muchedumbre de alfombras estaba a la venta, e l ...

30. Luz ambarina

E n el p aseo vespertino de las siete a las ocho, siempre bajo el dulce y a gitado arrullo de Beethoven, compruebo que c ada día que pasa la luz dura un poquito más, h oy bajo una mínima lluvia, m enos molest a que la de los días pasados , p rotegido por la capucha de l a gabardina, a diferencia d e los días anteriores a Navidad cuando la luz se iba cerrando poco a poco. C ontemplo desde arriba, desde la meseta del castillo, los bordes de la boina b eige que cubre la ciudad y los barrios industriales, c onsciente de mi cuerpo, de sus flaquezas y efusiones, qué otra cosa que cuerpo soy, e sta máquina maravillosa que la naturaleza me ha regalado, ¿es que s oy algo más que cuerpo? Lo s iento hoy con las sensaciones más vivas porque es como si deambular a con el alma extraviada, como si se me hubiese escapado buscando con quién tener una conversación exaltada, influido por lo que oigo de la amistad entre Beethoven y el violinista Amenda. Beethoven me envuelve en un rom...

29. Un instante en el bar

Tres chicas, con el cigarrillo y el café en la mano, hablan de Rubén, su carga de trabajo y lo mucho que le cuesta protestar, Rubén, una, l a de larga melena negra, levanta la cabeza, la gira y expulsa una l enta y prolongada bocanada de humo, cuando la devuelve a su posición natural ve que la miro, no es particularmente atractiva, o sí, pero es mucho más joven que yo, "Quién me defenderá de tu belleza", dice hoy uno en el periódico, recordando las calabazas que a S tendhal en Rom a le dio su amante, lo dejó por su primo, siempre hay alguien que nos deja, a la vez que recordaban, el articulista y Stendhal, el amor loco de Miguel Ángel por Tomasso, treinta años más joven, "Quién me defenderá de tu belleza", ni que yo fuera Chaplin y tú Oona O’Neill, le digo a la larga melena negra , con que tú fueras la misma Oona y yo Salinger, me conformaría, un sufrimiento creativo, ya sabes, no me ha comprendido, ha dado una fuerte calada y me ha arrojado el humo a los oj...

28. Arrogancia

Qué placer las mañanas hacia Celada, conduciendo sin más. La mente liberada de las ataduras visuales. El paisaje corriendo sin que ningún elemento se imponga. Entonces, la mente discurre y asocia. Aparecen conceptos envueltos en música, la suya propia o la que viene de la radio. Arrogancia. Tanto de lo que creo saber, pero de lo que no sé nada. La arrogancia del ignorante. Me avergüenzo, ahora en el silencio de la cabina del coche, de mi incontenible impulso a fijar ideas, cuando sólo son intuiciones, en el mejor de los casos, y mera repetición, en el peor y más común. La primera arrogancia, la más abultada, la de hacer como que vamos a vivir siempre, como si en el horizonte no estuviese la propia muerte. Lo pienso mientras te hago mirar el día por la ventana, el día gris, uno de una larga serie, uno más del plazo a devolver del préstamo que se te concede, uno que tus pies arrastran sin fuerzas, casi te llevo en volandas, temiendo que vayas a derrengarte y no te pueda levanta...

27. Decimos cosas

La mayoría de nuestros actos no tienen trascendencia, son banales. No siempre es así. Decimos y hacemos cosas por nuestro trabajo o profesión o en nuestra familia o en el grupo de amigos que afectan e influyen en otros. También cuenta la inacción. Hablo de conductas normales, no patológicas. Podemos hacer desgraciados a otros. Todo el mundo tiene experiencias desagradables en una ventanilla o a través del teléfono. Gente que hace mal su trabajo, meros burócratas, vagos, incompetentes por falta de empeño. No hablo de corruptos, egoístas, enfermos. Los peores casos se dan en la administración pública: maestros, médicos, policías, empleados públicos en ventanilla o a través del teléfono. Contra el muro que representan cuando hacen mal su trabajo, aparece la impotencia. Tienen el trabajo asegurado, representan a la autoridad, no eres nada frente a ellos. Te vuelves a casa o haces lo posible por qué te atienda otra persona, dejando de lado esa puerta cerrada, ese absceso. A veces ese ma...

26. De caza, excavaciones y pinzamientos

Me sorprende el cambio, hasta pareces locuaz, no es que mantengas una conversación pero dices cosas. T e pongo en las paralelas y caminas sola tras un leve empujoncito . Contemplamos embobados l as geometrías del atardecer de una nube de estornin o s, sus danzas y contr a danzas, hasta que desaparecen detrás de un palomar, cuando apenas queda luz. H an encontrado el árbol, en una finca vallada, d onde pasar la noche, así que, mientras caminas, te cuento mi conversación de ayer, en realidad tre s , tres charlas con tres personas, esas sí locuaces. No hizo falta que les diese pie, un día por el campo da para eso, para charlar. El primero, B ertones , ex cazador, me hablaba del fin del periodo de caza. - ¿Hasta 1000 euracos? - Entre 800 y 1000 y hasta 1500 se llega a pagar, depende del tamaño, pero sobre todo de la cornamenta, del árbol que llevan en la cabeza - ¿ E ntonces son ciervos? - A lgunos, pero sobre todo corzos, d e los que te hablo son corzos de rec...

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Todo a nuestro alrededor es adjetivo, exceso, saturación. Sobra todo lo que se dice porque ninguna palabra se fija para que signifique una sola cosa. Ya nadie toma la mano de un hombre y la aprieta para dar conformidad a lo que se ha dicho: las palabras se pronunciaban una vez y ambas manos sabían al instante lo que querían decir y su valor. Necesitamos una larga cura de silencio. El primer paso es ausentarse del ruido, de todo cuanto se dice sin nada que decir, pues todo a nuestro alrededor es ruido.